Historia

Historia

Los tres primeros grados de aprendiz, compañero y maestro son la base de la Franc-masonería y constituyen una verdadera unidad simbólica. Así mismo, y después de tres siglos, la tradición masónica comprende también otros grados —que el uso ha consagrado con el nombre de Altos Grados— que han trabajado y transmitido un simbolismo complementario al de la iniciación del oficio.

Al contrario de lo que ocurre hoy en día, a finales del siglo XVIII en Francia sólo existía una «organización masónica», la del Gran Oriente de Francia, constituida como tal en 1773, siendo heredera directa de la antigua Gran Logia de Francia de 1728. Una década más tarde (1785) se concluye con el proceso de unificación del patrimonio ritual de los tres primeros grados, lo que hoy en día se conoce como Rito Francés, que será publicado en 1801 con el título de «Regulador del Masón».

Poco después el Gran Oriente de Francia reorganiza y agrupa los diferentes Altos Grados que se practicaban por aquel entonces en suelo galo, (muchos de los cuales formaban parte del Rito de Perfección de 25 grados), en cinco Órdenes de Sabiduría, dotando así al Rito Francés de un sistema propio de grados superiores al de Maestro. Más o menos en la misma época se definen otros sistemas de Altos Grados, como el Régimen Escocés Rectificado (1778) y el Rito Escocés Antiguo Aceptado (1804), que también son reconocidos por dicha Obediencia.

No obstante, algunas logias habían desarrollado bajo diversas influencias o filiaciones espiritualistas, cabalísticas o esotéricas, otros sistemas de grados originales que se inspiraron en tal o cual corriente, procedentes en ocasiones de tradiciones místicas mucho más antiguas. Este es, evidentemente, el caso de las corrientes masónicas egipcias, que siendo minoritarias, no se tuvieron en cuenta en la organización de los Altos Grados.

Así pues, además de los ya citados, a finales del siglo XVIII existían otros Ritos u Órdenes de corte más o menos esotérica, como por ejemplo, los Arquitectos Africanos (1767), el Rito Primitivo de los Filadelfos (1780), el Rito de los Iniciados Perfectos de Egipto (1785), la Orden Sagrada de los Sofisianos (1801), los Amigos del Desierto (1806), etc. Estos ritos se inspiraban en lo que en aquella época se denominaba la «tradición egipcia», pero que en realidad era una combinación de tradiciones de Oriente Medio, tal y como se interpretaban a partir de los textos y estudios conocidos en aquel momento. La Cábala judeocristiana, el hermetismo neoplatónico, el esoterismo, las tradiciones caballerescas y otras encontraron allí una forma natural de expresión.

Por lo tanto, aunque nunca sabremos con certeza el origen exacto de los altos grados masónicos, sin duda se originan en el siglo XVIII, en la estela de la Francmasonería especulativa, pero se relacionan con corrientes mucho más antiguas. En este sentido siempre ha existido una «visión esotérica» de la vida que intenta profundizar en los misterios de la existencia y del universo, más allá de los dogmas religiosos oficiales. En occidente, estas ideas filosóficas y esotéricas no se expandieron verdaderamente más que con el humanismo del Renacimiento.

El Renacimiento

Efectivamente, en los primeros años del siglo XVI se formaron en Italia y en Francia círculos que estudiaban el neoplatonismo, el hermetismo, la cábala, la alquimia o incluso la religión de los egipcios. Por su interés en otras formas de espiritualidad y su confianza en la riqueza insondable del ser humano, esta búsqueda verdaderamente iniciática resultó inseparable de una perspectiva humanista. Pero cuando el clima y la coyuntura política ya no permitieron la libertad de expresión, estos círculos se refugiaron en el secreto. Después del hermetismo del Renacimiento, se desarrolló otro circulo en el siglo XVII con la aparición de la Orden de la Rosa-Cruz que desde Alemania llegó a Francia e Inglaterra. A principios del siglo XVIII la Francmasonería emergente ofreció a estas corrientes una estructura bien adaptada donde sobrevivir y expandirse.

Así pues, la creación de todos los Altos Grados no es más que una puesta en escena, al estilo masónico, de las enseñanzas y las prácticas de los círculos iniciáticos que sobrevivieron más o menos ocultos en la sombra durante algunos siglos. El ambiente liberal de la Ilustración permitirá una fuerte difusión de la Francmasonería y con ella una multiplicación y un verdadero auge de los Altos Grados.

Misraïm y Menfis

Como hemos visto, la constitución de estos grandes Ritos permitió organizar la mayoría de los altos grados que se practicaban hasta entonces. Otros, sin embargo, al no haber sido tomados en cuenta en estas reformas, se organizarán como pequeños sistemas masónicos con fuertes connotaciones esotéricas.

Este es, probablemente, el origen del Rito de Misraïm, dentro del típico ambiente del «retorno a Egipto» de principios del siglo XIX. Implantado en París en 1814, el Rito Egipcio (Misraïm quiere decir Egipto en hebreo) conoció una vida muy agitada, con altibajos constantes a lo largo de todo siglo XIX. Entre 1810 y 1813, los hermanos Bédarride desarrollaron los fundamentos de este Rito. Sin entrar en detalles (aún controvertidos) sobre el origen de su transmisión y las cartas de los que eran depositarios, parece que su sistema convenció a diversos masones, entre ellos Thory y el conde Muraire, quienes les pusieron en contacto con otros masones del mundo escocés. Se crearon algunas logias, pero por diversos problemas relacionados con la malversación de fondos por parte de los hermanos Bédarride, numerosos Hermanos se retiraron. El Rito de Misraïm continuó su historia con altibajos hasta 1822, fecha en la que fue prohibido. En 1831, tras unos años de clandestinidad, el Rito obtuvo el derecho a reconstituirse, pero solo cuatro logias parisinas lo consiguieron: «L’Arc-en-ciel», «Les Pyramides», «Le Buisson ardent» y «Le Conseil des angles». En 1848, no obstante, estas logias aún no se habían desarrollado plenamente. A pesar de ello, Misraïm conservó muchos de los grados olvidados por los demás ritos, constituyendo una impresionante escala de 90 grados.

En cuanto al Rito de Menfis, surgió poco antes de 1838, bajo la influencia de Jean-Étienne Marconis de Nègre (1795-1868). Al igual que en el caso del Rito de Misraïm, su origen es incierto. La autoridad de Marconis podría provenirle de su padre a través de una Gran Logia del Rito de Menfis que habría celebrado sus reuniones entre 1815 y 1816. Se dice que su padre también fue Gran Maestre del Rito de Misraïm, pero esto resulta poco probable. Sea como fuere, J. E. Marconis de Nègre, expulsado de Misraïm, fundó en 1838 la Orden de Menfis, de la que se convirtió en Gran Maestro y Gran Hierofante. A ejemplo de sus predecesores del Renacimiento, el empeño de algunos de sus miembros en los valores humanistas de Libertad, Igualdad y Fraternidad, contribuyó a sus desavenencias con la policía, causando su reiterada prohibición. Paralelamente, fue siempre un cruce de caminos donde se reencontraban los Francmasones interesados por los estudios esotéricos y la búsqueda iniciática y espiritual, desarrollando originalmente una escala de 95 grados.

En 1862, respondiendo al llamamiento del mariscal Magnan (Gran Maestro del Gran Oriente de Francia) en favor de la unidad de la Orden Masónica en Francia, Marconis propuso la incorporación de su rito a la Obediencia, lo que se llevó a cabo ese mismo año. Las logias que componían la Obediencia se unieron al Gran Oriente de Francia, que pasó a ser el depositario del Rito. En ese momento, la escala de Altos Grados pasó de 95 a 33 grados, conservando en ellos, no obstante, todo su patrimonio ritual y simbólico. Dos años más tarde, en 1864, el Rito de Misraïm hará lo propio.

De esta forma los Ritos de Menfis y Misraïm siempre han permanecido presentes en el Gran Oriente de Francia y el Gran Colegio de Ritos siempre contó con una sección de Menfis y Misraïm dirigida por un «Guardián del Rito» del grado 33. Posteriormente, esta sección adoptó la forma de una Comisión del Rito de Menfis-Misraïm elegida entre los miembros del Supremo Consejo, conservando así el Gran Oriente de Francia los derechos sobre ambos Ritos.

John Yarker

Mientras que el Rito de Menfis se integraba en el Gran Colegio de Ritos del Gran Oriente de Francia, el Santuario Soberano de Menfis en EEUU recibió el reconocimiento oficial del GODF y adoptó el nombre de «Rito Antiguo y Primitivo de la Masonería». Bajo la Gran Maestría de Harry J. Seymour, se abrieron numerosas logias en América, pero también en otras partes del mundo. En 1872, Harry J. Seymour estableció un Santuario Soberano para Gran Bretaña e Irlanda con John Yarker como Gran Maestro. En 1881, Yarker recibió una carta constitutiva del rito reformado de Misraïm (de Pessina) a cambio de una carta constitutiva de Menfis, en el momento en que el general Garibaldi fue nombrado Gran Hierofante de ambos ritos. La fusión oficial de estos dos ritos puede datarse a partir de este intercambio de cartas constitutivas y del respaldo moral de Garibaldi. Sin embargo, se trató más bien de una modificación del Rito de Menfis que de una verdadera fusión de ambos ritos. A la muerte de Giuseppe Garibaldi, Yarker se convirtió en Gran Hierofante General del Rito de Menfis-Misraïm, reorganizando la escala de 33 grados y conservando su rico contenido iniciático.

El GODF

En la segunda mitad de la década de 1990, la historia de Menfis-Misraïm entró en un período convulso, debido en gran parte a la superposición de sistemas y equivalencias internas (Masonería de Menfis-Misraïm, Martinismo, Gnosticismo, los Elegidos-Cohen, Caballería, Rosa-Cruz, etc.). La confusión entre estos diferentes sistemas, muy perceptible en algunos grados, junto con un modo de funcionamiento piramidal basado en un Santuario Soberano y asociado a una dirección vitalicia, hizo que la Orden se volviera muy inestable.

No vamos a entrar aquí en detalle sobre las numerosas escisiones impulsadas por Hermanos titulares de Altos Grados; nos limitaremos a señalar que condujeron a que el Rito de Menfis-Misraïm fuera cada vez más incomprendido y rechazado por las principales Obediencias. Peor aún, los problemas a los que se enfrentaron los grupos masónicos que trabajaban con este Rito hicieron que se mirara con recelo no solo a estas estructuras, sino, por asociación, al propio Rito. Sin embargo, la historia que acabamos de esbozar pone de manifiesto su interés, así como su riqueza iniciática, esotérica y simbólica.

Las escisiones fueron cada vez más numerosas hasta 1999, año en el que un pequeño número de logias se acercó al Gran Oriente de Francia, tanto por afinidades personales como filosóficas. En 1999, bajo la Gran Maestría del Serenísimo Gran Maestro Philippe Guglielmi, se materializó la integración de estos talleres, así como la reactivación de la Carta Patente del Rito Egipcio que el Gran Oriente poseía desde 1862, con el fin de constituir un polo de estabilidad para el Rito y mantener vivo uno de los elementos del patrimonio del Gran Oriente de Francia y uno de los componentes históricos de la masonería universal.